SOY REVOLUCIONANDO

SOY REVOLUCIONANDO

Enrique Campos Discépolo describió con insuperable claridad -en 1934- ese magma tan querido por el caos reinante: qué tal si todos “Vivimos revolca’os en un merengue” inseparable

La izquierda es consecuente: piensa-dice-hace. En esto no hay diferencias entre comunistas y anarquistas; siguen a pie juntillas a Carlos Marx y su Tesis sobre Feuerbach de 1845, en cuanto a que los filósofos no deben interpretar el mundo sino que “transformarlo”1. Sienta ahora sus reales la antifilosofía, donde ya no se trata de descubrir la verdad, deduciéndola de un Cosmos ordenado por el Logos o Dios2, sino que en la producción de ideologías que deben vivificarse en la praxis revolucionaria3: del dicho al hecho. ¿Se ve al fin porqué un dirigente de Revolución Democrática acaba de comunicarnos que “vamos a meterle inestabilidad al país porque vamos a hacer transformaciones importantes4”?

Qué piensan: la academia y múltiples centros de estudios progresistas son los que dan consistencia intelectual al proyecto histórico de completar una Revolución, que desde 1789 -en su concepto- permanece inacabada5. Los afanes de hacer tabula rasa con el “antiguo régimen” -asumen- no han logrado borrar las huellas que la cultura greco cristiana ha dejado en la gente y que perduran en el “imaginario colectivo” actual: la búsqueda incesante de una verdad trascendental, el amor que opera como fuerza de atracción universal por ir “más allá”, de que hablara Aristóteles en su Metafísica6, se hace presente en la conservación de una serie de tradiciones, rituales y expresiones simbólicas, que esta intelligentsia rojinegra quiere de una buena vez terminar.

Y quieren acabar con ellas porque, en lugar del Kosmos u orden superior que esas manifestaciones encarnan, buscan reponer lo que desde los griegos se conoce como Kaos: la indefinición primigenia, el magma igualitario inclusivo, donde no existirían más esas “separaciones odiosas” que vienen desde el principio de los tiempos. “El bien y el mal son los prejuicios de Dios” -dijo la serpiente7.     

Qué dicen: nos es que sean transparentes o que cada tanto cometan algún sincericidio, sino que, tal como Dios se identifica con la Palabra (Juan 1, 1) y así fue como “dijo e hizo” las separaciones originales entre luz/tinieblas, cielo/tierra, día/noche, etc. (Génesis 1), ellos pretenden adueñarse del mismo poder para recrear un mundo transido por estas “discriminaciones arbitrarias”. Siendo, para ellos, todo vocabulario intrínsecamente caprichoso (Dios lo es) e impuesto como instrumento de dominación cultural (desde las Iglesias y su fruto la Universidad), llaman a “crear realidad” mediante “actos de habla”: es el lenguaje performativo, las “ideas fuerza”, con que quieren resignificar todos aquellos conceptos binarios que nos sirven como marcos de referencia para pensar y dialogar.

Así, al rechazar las “divisiones artificiales” entre varones/mujeres, nacionales/extranjeros, inocentes/delincuentes, padres/hijos, maestros/educandos, etc., buscan convocar a todas las minorías que en estas dualidades se sientan “discriminadas” (por encontrarse en uno de los extremos o en movimiento ambiguo entre ambos), para sumarlos como los nuevos sujetos revolucionarios de hoy. Esta con-fusión eufemística de “recrear el mundo haciéndolo más humano”, le chocaba así a Discépolo en el famosos tango “aquel Siglo 20 Cambalache”: 

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidorIgnorante, sabio o chorro, pretencioso estafadorTodo es igual, nada es mejorLo mismo un burro que un gran profesor.

Qué hacen: si el viejo marxismo llamaba a crear las condiciones objetivas o materiales para la revolución, ahora se trata de implementar las condiciones subjetivas. Ocupando al efecto acciones directas de propaganda o desinformación (por ocupar la jerga de la “guerra política” conceptualizada por los soviéticos8), enderezadas a socavar el orden cultural vigente basado en las susodichas dicotomías. Como el mimo multicolor de esquina, que encanta para competir con la verticalidad de la policía o el semáforo que representan la autoridad. Como las intervenciones de las Tesis y el himno feminista “Un violador en tu camino”, aludiendo al cuerpo de carabineros. Como las batucadas y tomas de calles en la ciudad, con cajas de resonancia en los medios de comunicación social, exigiendo contra-derechos para las minorías oprimidas: el derecho a abortar o a morir y a la eutanasia, frente a un derecho constitucional a la vida que impide todas las formas de sacrificios humanos; el derecho a la verdad que obsta consolidar situaciones familiares; el derecho a la identidad que impide a la autoridad hacer diferencias, aun si razonables y lógicas; el derecho al medio ambiente que entraba ejercer el derecho de propiedad y a desarrollar actividades económicas lícitas, etc.              

Y todo esto en una dinámica sin fin, en una revolución permanente, donde  cualquier devenir no será sino el acomodo espontáneo y transitorio entre los contrarios; el Caosmosis de Félix Guattari.      

Naturalmente, otra cosa es cuando esta gente llega al poder. Cuando empiezan a disfrutar los privilegios y granjerías que la nueva posición les depara. Cuando el statu quo ya no se mira desde dentro- como algo tan aborrecible, según nos recuerdan los cerdos dirigentes de Rebelión en la Granja, la sátira trágico política de Orwell (1945). Dijo no hace mucho Emile Michel Cioran: “Hasta en el anarquista se esconde, en lo más profundo de sus revueltas, un reaccionario que espera su hora, la hora de la conquista del poder, en la que la metamorfosis del caos en autoridad plantea problemas que ninguna utopía se atreve a resolver y ni siquiera a considerar sin caer en el lirismo o en el ridículo9”.



1 Carlos Marx y Federico Engels, Tesis sobre Feuerbach y otros escritos (1974) Ediciones Grijalbo (Barcelona) página 12. 

2 Juan 14, 6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida”. 

3 Boris Groys, Introducción a la antifilosofía (2016) Eterna Cadencia (Buenos Aires) 282 páginas.

4 Sebastián Depolo, candidato a Senador, en El Mercurio (Santiago) 1.11.2021 cuerpo C pág. 2. 

5 Cristina Moyano-Mario Garcés (editores), ONG en dictadura. Conocimiento social, intelectuales y oposición política en el Chile de los ochenta (2020) Ediciones U. Alberto Hurtado (Santiago) 18-21 y 90-91. 

6 Libro Primero (A), con traducción de Tomás Calvo Martínez (2014) Gredos (Barcelona) pág. 73. 

7 Friedrich Nietzsche, La ciencia jovial (1882), 2ª. edición (2018) Editorial UV (Valparaíso) 259 (§ 219).

8 Thomas Rid, Desinformación y Guerra Política (2021) Crítica-Editorial Planeta (España) 550 pp.

9 E.M. Cioran, Ensayo sobre el pensamiento reaccionario (1985) Montesinos (España) 45. 

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