EL MARTILLO DORADO

EL MARTILLO DORADO

Plinio el Viejo viene alimentando la sabiduría popular desde el siglo I a.C: “zapatero a tus zapatos”. 

Quien solo sabe usar un martillo, anda viendo clavos en todas partes. Es lo que les pasa a los economistas cuando incursionan en política. Los dos líderes de derecha hasta hace poco, Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, terminaron identificando la política con un “mercado electoral”, obsesionados por las encuestas y el marketing, para atender las “demandas” de la gente con cada vez nuevas y mayores cosas que ofrecer, o transar. El 18-O, para los ingenieros comerciales, o es consecuencia del propio éxito del modelo económico, u obedece -por la mala intervención del Estado- a una baja en la tasa de crecimiento que redujo las expectativas de consumo de la población.

Sesgo que se explica por el embeleso con encuestas de opinión que giran exclusivamente en torno a lo material o mensurable, reflejando insatisfacciones de la gente en áreas como la salud, la educación y pensiones. Mientras no se refinen los sondeos sobre calidad de vida o percepción de felicidad, seguirá existiendo un punto ciego en torno a las necesidades inmateriales de la población. Pero que, en todo caso, evidencia la experiencia sensible, al contemplar que el niño llora no únicamente por hambre o frío sino que también por miedo y soledad, pidiendo así el amor e inmunidad de su madre. El Paraíso de Dante muestra bien esto,        

El “malestar con el modelo” puede explicar, en parte, la congregación masiva que -por sumatoria o agenciamiento de un enjambre caótico de “indignaciones”- tuvo lugar el 25 de octubre de 2019. Pero no es la clave de todos los conflictos ni el principio explicativo de acontecimientos tales como la profanación de tumbas y estatuas de héroes, el sistemático incendio de iglesias, el ultraje público y reiterado de la bandera, el nombre de la patria y el himno nacional. El ataque continuo y virulento a Carabineros es un ingrediente esencial y en absoluto un fenómeno accesorio dentro de este cuadro, desde que su lema “orden y patria”, el color verde representativo de la ley y la forma de sus estrellas oficiales, simbolizan precisamente el “imaginario colectivo” que se quiere destruir.

Nadie puede desconocer el éxito económico alcanzado por el país, desde que liberalizó su economía. Las cifras son elocuentes sobre el crecimiento espectacular que tuvo Chile en todos sus índices de riqueza, pasando de un ingreso per cápita cercano a los US$ 8.800 a sobre los US$ 24.000. Pero se olvidó que “no sólo de pan vive el hombre” (Mateo 4, 4), siendo que en el nivel metafísico y simbólico es donde radica la quintaesencia de la Revolución en marcha, que por la vía legal pero inconstitucional empezó en Chile el 11-M del año 2014 y que, por la vía violenta, prosigue a partir del 18-O del 2019. El fracaso de la referida intelligentsia no concierne pues a lo económico (en eso merecen reconocimiento sin reservas y un lugar privilegiado en la conducción del país), sino que en sobredimensionar sus reales posibilidades y en extrapolar las prescripciones de la economía al campo de la política. 

Esta confusión asume extremos patológicos, desde que dichos líderes parecen sufrir por ello serios trastornos de personalidad. No el síndrome del evitativo ni del cobarde que huye del lugar, sino que el mal del adaptativo: aquel cuyo perfil calza con el perfecto especulador que elude el conflicto y se ajusta a toda situación, disimulando su calculada ambición de obtener a la postre algún provecho personal.

Pero más allá de estos problemas personales (que en todo caso repercuten en la comunidad), es lo cierto que hace crisis esa forma de gobernar con criterios económicos y a golpes de intuición táctica u operacional, a salto de mata, con horizontes de tiempo asaz limitados discurriendo en escenarios cambiantes y meramente coyunturales; sumidos en la pura inmanencia. La Moneda, reactiva las más de las veces, apenas discurre acerca de lo que va a pasar este mes, especulando sobre las próximas elecciones y las repercusiones que podría traer el hecho que en la Cámara de Diputados prospere la acusación constitucional contra el Presidente Piñera (si quedaría o no inhabilitado -de facto o de jure- para continuar en el cargo).

La política amerita entrar en conexión con un saber superior y cualificado. Requiere un estatuto intelectual que reivindique su vinculación con lo trascendente, merced a conocimientos sustantivos e instrumentales que permitan decidir -aún en lo contingente y circunstancial- con criterios permanentes y universales. Frente al desequilibrio generado por una Revolución que permanece sin contestar, el enderezamiento debe venir de otra parte distinta a los partidos políticos y operarse bajo una forma diferente a las meras elecciones. Consciente de que no hay acción prolífica sin un previo conocimiento principal o metafísico, es necesario un núcleo de estudios avanzados que -por de pronto- acierte a descubrir que los procesos en curso no transcurren por azar o casualidad, espontáneamente, sino que al son de una voluntad directriz que busca alterar las mentes y los corazones de la gente. 

Algo así cabe entrever en el vaticinio que hiciera John Maynard Keynes en Las posibilidades económicas de nuestros nietos (1931), de que durante los próximos cien años sería necesario “fingir, a nosotros mismos y a todos los demás, que lo justo es malo y lo malo es justo, porque lo malo es útil y lo justo no lo es”. Entonces, a los que descreen de “conspiraciones” (figura varias veces sancionada por la ley penal), bien les haría recordar al viejo detrás del biombo en la escena final de la película El Mago de Oz (1939), que movía las palancas y amplificaba artificialmente su voz para generar conmoción.



1 Mauricio Aburto Cuevas, Las mentiras del marketing en la política (2011) Ediciones de Comunicación Política (Santiago) 127 pp. 

2 Dante Alighieri, La Divina Comedia, Paraíso XXX, vv. 81-84.

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