EPÍTASIS

EPÍTASIS

La casa en el precipicio de la película “La Quimera del Oro”, Charles Chaplin

Epítasis, parte central de un drama que precede a la catástrofe

Un análisis político cabal debe anticiparse a los acontecimientos. Sobran los profetas del día después, que juzgan el pasado desde la privilegiada posición del presente y siempre afirman haber conocido los eventos una vez consumados. Ex post, dirán que era la “crónica de una muerte anunciada”1. Les es obvio todo lo ocurrido, al punto que se escandalizan sobre cómo es posible que no se detectaran señales tan evidentes de lo que iba a ocurrir: cómo -reprochan estos enterados- no se dieron cuenta que las torres gemelas en Nueva York iban a ser atacadas, cuando unos árabes habían tomado cursos de aviación y ahora viajaban en vuelos comerciales que pasarían por la ciudad. En circunstancias que, el día anterior, aun conociendo estos hechos, nadie en verdad habría podido prever el atentado.

Sin especular ni acudir a toda suerte de artes adivinatorias, en todo caso es factible generar hipótesis predictivas que permitan anticipar escenarios posibles (futuribles los llamó Aristóteles). Donde no se trata de discutir a placer si una situación puede o no darse, barajando conjeturas y descartándolas a priori, sino en identificar qué condiciones deben acontecer para arribar a una situación determinada. Es de esta forma -listando causas necesarias y suficientes para luego ir monitoreándolas- como se evitan las “sorpresas” que suelen paralizar un país, cuando sus gobernantes enfrentan un estado de cosas totalmente impensado, potencialmente ruinoso y para el que no existe ningún tipo de precedentes. O al menos, con antecedentes que ignoraban: de haber leído a Trotsky, para quien “no existe otra fuente más importante e inagotable para el estudio de las leyes y de los métodos de la revolución proletaria que la experiencia de nuestro octubre” (de 1917)2, o de haber estudiado como caso testigo el Bogotazo de 1948, acaso nuestro 18-O no les habría sido tan asombroso.

Tampoco es la idea andar apostando al compás de las coyunturas que se van dando día a día. En este sentido, por ejemplo, el proceso revolucionario en curso -que confesamente quiere imponer alteraciones “estructurales a fin que la sociedad en su conjunto pueda cambiar”3– tiene tiempos muchísimo más largos que los acontecimientos mediáticos, y es eso lo que interesa rastrear acá. Siendo necesario asumir, entonces, que estamos en el decurso de una “revolución legal” (pero inconstitucional) cuyo puntapié inicial lo dio el año 2014 el vocero Jaime Quintana al comenzar el segundo gobierno de izquierda de Bachelet, en punto a que ansiaban “destruir los cimientos del modelo neoliberal” con “retroexcavadora”4. Dado que los cambios por vía legislativa no les fueron suficientes a los grupos más radicalizados, el año 2019 aceleraron el proceso con la “revolución violenta” del 18-O. Y como el mismo Quintana (que presidió el Acuerdo por la Paz) viene ahora a admitir, “la violencia generó condiciones para el acuerdo”5 del 15-N, que nos está llevando hacia una nueva Constitución cuyo contenido debe avizorarse como inexorablemente “revolucionario”: la popularización de las instituciones y la consagración de los contra-derechos. 

El alineamiento e identificación de la mayoría de la Convención Constitucional con quienes son “la calle”, y su desconsideración por cualquier opinión que les sea adversa, no deja traslucir una voluntad de entendimiento sino que una de enfrentamiento.                           

Por supuesto, no faltan visiones optimistas sobre el devenir. Quienes frecuentan The Economist recordaran que no hace mucho decía que “Chile se está embarcando en un proceso de redefinición potencialmente constructivo”6. O como las del conocido constitucionalista de izquierdas Bruce Ackerman, académico de la Universidad de Yale, quien recientemente ha augurado que “si el experimento chileno tiene éxito será un ejemplo para muchos países”7. Confiados unos e ilusionados otros, en el Parlamento y hasta en el Poder Judicial esperan lo que venga. El empresariado, por su parte, contrata linajudos constitucionalistas, en la creencia de que en la Convención serán escuchados a la hora de defender el derecho de propiedad y la libertad de industria. Mientras, el gobierno agoniza y persiste en hacernos creer que logró canalizar la crisis mediante la discusión de una nueva constitución. Los ingenieros comerciales en su mayoría, continúan arguyendo que el “estallido” del 18-O obedeció a la insatisfacción por el bajo crecimiento económico que venía experimentando el país en el último tiempo8.     

Con mayor capacidad de realismo, y porque exagerar es imposible, diríamos que el panorama es tanto más ominoso cuando arrecia la violencia. La guerrilla rural instalada en la Araucanía desafía el Estado de Emergencia decretado por el gobierno, exhibiendo nuevo armamento largo, ya que a los fusiles automáticos M-16 ha añadido los famosos AK 47, que se ocupan en Colombia, y escopetas de repetición de un mismo tipo, todo en manos de combatientes adiestrados. El personal de Ejército opera en la zona sin cobertura jurídica alguna, que lo ponga a salvo de querellas por supuestas violaciones a los derechos humanos, según se ha hecho de estilo cuando, usando una sedicente “fuerza desproporcionada”, los “agentes estatales” son mandados a repeler la violencia privada. Y -todo esto- ad portas que se politice la designación de su futuro Comandante en Jefe, en noviembre de este año. Vulnerabilidad que también sufre Carabineros, cuando han de plantar cara a la violencia desatada en distintos centros urbanos, bajo la mirada acusica del Ministerio Público, de Contraloría General y del Instituto de Derechos Humanos. 

A pesar de que en el año que siguió al 18-O el 75% de los recursos de amparo y protección entablados contra Carabineros fue rechazado por los tribunales9, el Instituto de Derechos Humanos optó por interponer 3.072 querellas criminales contra el propio Estado10. En tanto, el subsecretario Francisco Galli, a buen seguro preocupado por desviar la responsabilidad que la izquierda quiere hacer recaer en el presidente Piñera, a Carabineros les impone nuevos protocolos “bajo la lupa del poder civil”11 y adoptar un “nuevo enfoque de DD.HH”12

Así y todo, la mentada Revolución no es “irreversible”, ni las tiene todas consigo.



1 Cfr. Roberto Méndez, El complot en El Mercurio (Santiago) 29.12.2019 cuerpo D pág. 5, y Alfredo Jocelyn-Holt, El 18 de octubre en La Tercera 16.10.2021 pág. 6. 

2 León Trotsky, La revolución permanente (1923) Selección y presentación de G. Procacci (2015 Siglo XXI Editores (Madrid) 30. 

3 Entrevista a la psicóloga y académica de Instituto de Estudios Avanzados de la Usach, Kathya Araujo, en La Tercera 17.10.2021 págs. 14-15.  

4 El Mercurio (Santiago) 25.3.2014 cuerpo C pág. 2. 

5 La Tercera 16.10.2021 pág. 22. 

6 The Economist, Chile y el nuevo pacto social que podría forjar la Convención Constitucional, en El Mercurio (Santiago) 19.3.2021 cuerpo B pág. 4. 

7 La Tercera (Reportajes) 9.10. 2021, págs. 16-17. 

8 Álvaro Donoso, Del estancamiento al estallido, en Economía y Sociedad (octubre-diciembre 2021) 13.   

9 El Mercurio (Santiago) 16.10.2020 cuerpo C pág. 8. 

10 El Mercurio (Santiago) 16.10.2021 cuerpo C pág. 11. 

11 La Tercera 26.6.2021 págs. 30-31. 

12 El Mercurio (Santiago) 3.10.2021 cuerpo C pág. 13. 

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