ACOSO A CARABINEROS

ACOSO A CARABINEROS

Para la Revolución en curso es prioritario desmantelar a Carabineros, por ser símbolo vivo de una cosmovisión que rechaza. El propio Gobierno aporta a ello

Suele pasar desapercibida la relevante diferencia que existe entre una columna de opinión y una columna de información. La columna de opinión identifica algún hecho coyuntural que sea controvertido, luego su autor toma posición sobre el mismo y termina aportando los argumentos a su favor. La columna de información -como pretenden serlo estas líneas- se orienta en cambio a conectar hechos o sucesos que aparecen dispersos; a incorporar nuevos hechos relevantes o a llamar la atención sobre ciertos hechos faltantes; u otras veces a comprender un conjunto de hechos dentro de algún concepto explicativo determinante. En esta lógica, no caben impresiones intuitivas o circunstanciales ni los meros calificativos o la manida apelación al sentido común. Nuestro desafío, reiteramos, es abordar los acontecimientos de interés general con criterios sustantivos y el empleo de los instrumentales metodológicos adecuados.

Hemos sostenido que los caóticos acontecimientos que se viven en Chile por doquier encuadran dentro del concepto de revolución. Entendemos ésta como el conjunto de operaciones destinadas a obtener la alteración radical del modo de pensar y de sentir de la gente: “toda transformación del hombre…se ha apoyado en una nueva base metafísica e ideológica; o más bien, en las inquietudes e intuiciones más profundas cuya expresión racionalizada asume la forma de una nueva visión del cosmos y de la naturaleza del hombre”1. Es decir, el propósito u objetivo final de la revolución en marcha consiste en provocar un vuelco en la cosmovisión o imaginario colectivo, que es donde una comunidad define lo verdadero-justo-bueno, para luego alterar las derivas de este ideario: la filosofía y la política dominantes2.

En el nivel de los fines trazados por la revolución para imponer este cambio de paradigmas, observamos que en el mundo entero se desarrollan hoy sendos conflictos en el campo académico e intelectual, que suelen conocerse como “guerra ideológica” o “batalla cultural”. A nivel de medios empleados, se aprecia en Chile el uso conjunto de la violencia y de la legalidad como armas principales. Resultando evidentes los vasos comunicantes entre la violencia rural, desatada hace 25 años en la macro zona sur bajo el engañoso nombre de “conflicto mapuche”, con la violencia urbana desencadenada a partir del 18-O y a la que se ha edulcorado como “estallido social”. 

Paralelamente, se observa la utilización de la ley y de los procedimientos democráticos en procura del mismo objetivo y, aún, para acabar con los enemigos de la revolución, desplegando lo que se conoce como “guerra jurídica”. Sus escenarios o campos de acción preferentes son el Congreso Nacional, la Contraloría General, el Ministerio Público, el Instituto Nacional de DD.HH. y la Convención Constitucional. Y en todos ellos se ha puesto como blanco prioritario a Carabineros de Chile. Según se aprecia en sus ritos y símbolos más emblemáticos, Carabineros  representa una dimensión de la cosmovisión que se quiere abolir, amén de constituir el muro de contención contra la violencia rural y urbana en curso. Resulta claro que se están ocupando todas las instancias aludidas como baterías para lograr su extinción.

En este cuadro, hay que connotar la sostenida campaña mediática de desmoralización, culpando de ciertos actos individuales de corrupción a la estructura íntegra de Carabineros, en circunstancias que entre ambos fenómenos no existe causalidad y ni siquiera correlación alguna. Aparte de esta exageración, se suman acontecimientos sin conexión entre sí (se machacan los “escándalos” de la Operación Huracán y la muerte del comunero Catrillanca)3, en un contexto de miles de operativos policiales. En los referidos escenarios legales aparece montada una orquestación contra el enemigo único4, que concentra un cuestionamiento al desempeño de Carabineros durante el “estallido” por la supuesta violación sistemática de los derechos humanos de los “manifestantes” y de los “presos por la revuelta”.

Se repite el modus operandi: por iguales razones y en la misma forma que se persigue a policías y militares en retiro, ahora se acosa al personal en servicio activo y -con ello- a sus instituciones. O sea, no es que se persiga la responsabilidad individual de quienes hayan cometido faltas o abusos, pues esto es un principio universal de derecho y está fuera de toda duda. La diana o punto central del blanco es más ambicioso y alto: el reproche al “hacer” de un carabinero se transforma en un cuestionamiento in totum al “ser” del cuerpo de Carabineros; la culpa es de su estructura y de lo que la institución representa. Por lo tanto, sacrificar uno o dos generales, algún oficial subalterno o a otros miembros de carabineros para salvar la institución, pasa a ser una actitud inútil y rayana en el suicidio colectivo.           

Y dado que en todas esas instancias los denunciantes se han movido con entera libertad de acción, ante la nula reacción de los afectados y sus representantes, la incriminación aumenta y se va posicionando como verdad oficial. Hasta La Moneda se jacta de patrocinar una reforma de Carabineros que refuerce su “subordinación a la autoridad civil” (léase a las tácticas de auto propaganda ideadas por las autoridades políticas de turno, como fue el lanzamiento del “Comando Jungla” presentado a fines de 2018, para elevar el ya alicaído prestigio del presidente Piñera) y “con enfoque de DD.HH y de género” (o sea penetrando a la institución con ideologías conducentes directamente a su deconstrucción)5.

Es más, el Gobierno contribuye con su indecisión. No obstante que el nombramiento del general Mauricio Rodríguez como subdirector de Carabineros y el ascenso a general inspector de Enrique Basalletti fueron decretados a fines del año pasado, inexplicablemente recién en marzo del 2021 -tres meses después- ingresaron los decretos correspondientes a la Contraloría General para su toma de razón. Cinco meses después, dando cuenta de otra tardanza inusitada atendida la urgencia de posicionar el alto mando, el Contralor Bermúdez rechazó los decretos aduciendo que había un sumario instruido por él contra ambos generales6. No obstante que una resolución emanada del 22° Juzgado Civil de Santiago, el 6 de abril del año en curso, había suspendido todos los efectos que pudieran seguirse de dicho sumario contralor.



1  Lewis Mumford, Las transformaciones del hombre (1956) citado por Willis Harman, El cambio de mentalidad. La promesa del siglo XXI (2001) Editorial Centro de Estudios Ramón Areces (Madrid) 31. 

2  Luis Heinecke Scott, Método de intelección estratégica. Relación creencia, cultura y sociedad (2008) 3ª. edición (2012) INIE Editores (Santiago) 15-16.  

3   Entre muchas en este sentido ver las opiniones de Lucía Dammert, académica de la USCH, y de Mauricio Duce, profesor de la UDP, La reforma policial que no fue, El Mercurio (Santiago) 30.8.2021.   

4   César Hidalgo Calvo, Teoría y práctica de la propaganda contemporánea (1986) Editorial Andrés Bello (Santiago) 54-57. 

5   Juan Francisco Galli, subsecretario del Interior y Pilar Giannini, secretaria ejecutiva Unidad Coordinadora, La reforma de Carabineros va (o está siendo), El Mercurio (Santiago) 1.9.2021 cuerpo A pág. 2.   

6   Oficios N°s. 18.680 y 18.681, ambos del 13.8.2021 

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