ANTE EL PROBLEMA “MAPUCHE”: REIVINDICAR LA HISPANIDAD

ANTE EL PROBLEMA “MAPUCHE”: REIVINDICAR LA HISPANIDAD

De un texto de Jaime Eyzaguirre escrito el año 1969:

No le toca al español, como al inglés, sembrar sobre tierra baldía o desatar raíces incrustadas. Llegó en el ocaso de las espléndidas civilizaciones a inyectar savia nueva, a fundirse con ellas para labrar al unísono un futuro de posibilidades no previstas. El inglés quiso arar lo vernáculo y trasplantar su civilización con cautela para librarla de los contagios autóctonos. El español se volcó con pleno desinterés y generosidad, dando y recibiendo. Por eso lo que brota en Ibero-América, ya no es la planta europea intacta, sino una tercera dimensión de sangre y cultura, enriquecida con aportes dispares, y orientada a nuevos y no soñados destinos. Un Garcilaso de la Vega Inca, en el Perú, y un Alba Ixtlixóchitl, en México, hablan del genio mestizo en buena lengua de Castilla; y en los templos de Puebla y Potosí, y en las tallas y lienzos de Quito y el Cuzco, por sobre el barroco de estirpe española, aflora la naturaleza exuberante de las razas indígenas, que dejan oír su palabra en el concierto espléndido de la creación artística.

Es verdad que Ibero-América no es España, pero también es verdad que sin ésta, aquella no habría existido. ¿Qué vínculo ligaba a las tribus, qué solidaridad geográfica aparte del nexo lugareño se advertía en ellas, antes que el español viniera a dárselas, fundiéndolas a todas en el común denominador católico y cultural?

Por eso lo español no es solo un elemento más en el conglomerado étnico. Es el factor decisivo, el único que supo atarlos a todos, el que logró armonizar las trescientas lenguas dispares de México y hacer de Chile, no ya el mero nombre de un valle, sino la denominación de una vasta y plena unidad territorial.

El español saltó por sobre las dificultades que le imponían las distancias geográficas, los particularismos de tribu y las adversidades raciales, para producir el milagro de la cohesión americana. Por eso lo que se haga por echar en olvido el nombre español en estas tierras y querer oponer a él una revalorización hiperbólica de lo indígena, irá en derechura a atentar contra el nervio vital que ata a nuestros pueblos. Todo lo que las viejas civilizaciones pudieron tener de valedero en el momento de plena decadencia en que las sorprendió la conquista, fue guardado y defendido por los mismos españoles, que trajeron a tiempo el instrumento de la escritura, desconocido por los indígenas, para perpetuar la historia y tradiciones de los vencidos.

Lo que los conquistadores destruyeron apenas es comparable con lo que transportaron de cultura, y nadie puede ahora sentir merecida nostalgia por los sacrificios humanos de los aztecas, la antropofagia de los caribes o la magia de los araucanos. Hay que cuidarse a tiempo de esta retrogradación absurda e imposible a un autoctonismo ya superado, que voces interesadas alientan desde fuera. Es la forma más sutil que se ha encontrado de barrer el espíritu en nuestros pueblos y echarlos desnudos a la nada para que los coja el primer imperialismo que pase.

Jaime Eyzaguirre

“Hispanoamérica del dolor”, en “Hispanoamérica del dolor y otros estudios”, Ediciones de Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, Madrid, 1979, p.13

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