Iván Poduje, Siete Kabezas. Crónica urbana del estallido social

Iván Poduje, Siete Kabezas. Crónica urbana del estallido social

(Uqbar, Santiago, 2020, segunda edición)

Siete Kabezas es uno de los libros más inteligentes que se han escrito en Chile sobre el llamado “estallido social”. A la fecha de la publicación de la obra, el autor tiene a su haber veintiséis años de experiencia profesional en urbanismo. Su escrito, por tanto, no responde a la mirada de un ideólogo, o a la de un conocedor especializado de las teorías políticas en boga. Tampoco a la de un pensador comprometido, saturado de doctrinas preconcebidas sobre lo que ha ocurrido en el país. O a la de un programador político que interpreta los hechos a modo de dirigirlos hacia metas definidas de reingeniería social. El gran aporte de Poduje es la observación. Una observación desnuda, sin mediaciones demasiado elaboradas, pero que resulta un mérito frente a la producción editorial nacional aparecida en el último año, que en su mayoría no supera los límites del típico material propagandístico descartable por su obviedad.

Diríase que la mirada de un urbanista, como la que contiene este libro, debiera resultar en gran parte extrínseca a lo sucedido en Santiago a partir del 18-0. Parece una perspectiva demasiado material para penetrar en los recodos del espíritu que hizo estallar la revolución. Pero precisamente la chilena es una revolución que se transmite en fibras de esa materialidad urbanística que pide ser tocada, ultrajada, quemada, desmembrada o desdibujada para expresarse a sí misma. “Quinientos monumentos nacionales fueron vandalizados”, anota el autor. Y agrega: “cerca de cien edificios recibieron ataques incendiarios, incluyendo museos, iglesias, centros culturales, galerías comerciales ubicadas en lugares centrales y simbólicos. Los ataques no respetaron credos e ideologías. Se dirigieron por igual a supermercados y almacenes de barrios, a monumentos de conquistadores y memoriales de detenidos desaparecidos, a centros comerciales de grandes cadenas y parques públicos como el Forestal o San Borja” (p.13-14).

El objetivo de Poduje “no es explicar el trasfondo sociológico o político de lo que ocurrió (sino) entender (su) origen urbano y, sobre todo, los factores territoriales que explican su rápida propagación y la enorme fragilidad que presentó Santiago para resistir” (p.14-15). Y pienso que el libro lo logra generosamente.

Dividido en cuatro partes, la obra ofrece un conjunto de articuladas observaciones casi en primera persona, como si Santiago se hubiera transformado en un organismo vivo, protagonista sustancial de su propio devenir, donde cada comuna representa una parte del cuerpo de la gran ciudad. Una metrópolis que tiene que enfrentar el asalto sin piedad de un monstruo generado por sí misma.

A los ojos de Poduje, durante el proceso del 18-0, Santiago actúa como si fuera un doctor Jekyll urbano: ha sido capaz de crear una porción química (la revuelta o “estallido”) que le separa de su parte más humana para transformarse en el monstruo que es Mr.Hyde, capaz de destruir tanto el patrimonio urbano como el metro o los supermercados, que afectan a los más pobres.

Las cuatro partes del libro son bastante gráficas: orígenes (pp.19-56), el estallido (pp.57-100), la zona cero (pp.101-146) y las siete cabezas (pp.147-164), que se ofrece a modo de explicación de los hechos. Una anatomía con algo de fisiología de ese monstruo de siete cabezas que ruge con el sonido de la revolución.

El autor no analiza los aspectos ideológicos del problema, pero sí los tendenciales, de honda influencia en aquellos. Nota por ejemplo el papel de los secundarios y los territorios donde se han movido, así como su capacidad para desestabilizar inteligentemente el sistema de funcionamiento normal de los servicios de transporte, particularmente del metro. Subraya el sentido problema de las dos ciudades y la subsecuente segregación urbana. Incide en una explicación factible de la “primera línea” desde las tribus urbanas de las barras bravas. Anota el papel del Partido Comunista en la revuelta. Dedica sabrosas páginas a la gráfica del estallido y al juego de la normalidad dentro de la anormalidad (a propósito de la Fuente Alemana).

El esfuerzo interpretativo se concentra en la cuarta parte del libro. Ahí se ensaya una descripción del “monstruo”. Se trata de una hábil metáfora esa del monstruo de siete cabezas, que ha crecido a causa de la desigualdad y de la indiferencia de las élites ante los problemas urbanos y sociales de Santiago (p.158).

La primera cabeza se encuentra oculta en el Santiago invisible, ese que no muestran a los extranjeros que vienen de negocios o de turismo. Es el Santiago periférico azotado y sufrido, víctima irredenta del delito. Es el Chile de los saqueos.

La segunda cabeza asoma en los estudiantes radicalizados, cuya rebelión sistémica viene incubándose desde hace años, sin que nadie haga absolutamente nada. Son los que corrieron hasta lo inimaginable los límites del respeto al orden y a la autoridad. Los protagonistas de las evasiones masivas, del lanzamiento de bencina a los profesores, de la amenaza a los apoderados, de las bombas incendiarias a la fuerza pública.

La tercera cabeza es la más activa de la crisis desde el ángulo de la violencia. La de las barras bravas. La fuerza de choque del monstruo, tratados como héroes sociales del momento, y desechados después.

Y aquí aparece la cuarta cabeza. La del Partido Comunista, sectores del Frente Amplio y de la Nueva Mayoría, que utilizaron la tercera cabeza para sus fines de desestabilización total. Son los más crudamente retratados por Poduje.

La quinta cabeza pertenece a las masas que salieron a manifestarse y prestaron la potencia del número. La de las clases medias descontentas, que han pensado que todo esto terminará con la mejora de su calidad de vida.

La sexta cabeza es la de “los estratos altos de la cultura caviar” que se ayunta al mundo de la cultura y de las artes. La descripción es suculenta: “la cabeza vanidosa que siempre se mantuvo en segunda línea, creando un transfondo cultural a todo lo que estaba pasando, incluyendo la violencia demencial que dejó sin metro a la ciudad” (p.162).

La séptima y última cabeza es la desconocida. “La que operó en la oscuridad y digitó las operaciones”. La que coordinó los ataques al metro e incendió los supermercados ya saqueados. Y que, a juicio del autor, “nunca tuvo la envergadura que imaginaron quienes vieron en el estallido una gran conspiración de la izquierda internacional para destruir a Chile”.

Hay más de alguna observación que hacer al respecto de casi todas las “cabezas” del monstruo imaginado por Poduje. Creo, sin embargo, que hay que detenerse en el gran mérito de su trabajo: tratar de comprender el 18-0 como un fenómeno complejo, desde las huellas que van dejando las manifestaciones urbanísticas.

Se echa en falta, sin embargo, la gráfica que la revuelta consignó en las calles de la ciudad, prácticamente en todos sus barrios y comunas. Múltiples manos dibujaron una misma idea central en cientos de versiones. Por más que se cambiara de lugar, de mural, o de pared, era como si un mismo maestro les hubiera enseñado a todos.

En ese sentido, se puede observar, sin desmerecer el aporte de Poduje, que la crisis tuvo y tiene una vertiente madre inequívoca. Puede se interpretada como un monstruo de cabezas varias, a condición de agregarle una octava, cual es la cabeza anti-religiosa o anti-crística que se enfrenta con lo sagrado que aún pervive en Chile y que pueden señalarle su resurrección.

Pero también la revuelta puede ser interpretada como un río tormentoso que recibe afluentes distintos que vienen, al final, a alimentar un mismo cauce. Afluentes, como observa Poduje, que no son solo ideológicos, porque es un complejo que integra muchos ingredientes.

Pero, al fin y al cabo, todas esas cabezas, afluentes o ingredientes han mostrado una capacidad sorprendente para ser asumidas por una sola dirección: el afán por desinstitucionalizar, deconstruir o demoler radicalmente. Se puede representar por la K de “Kabezas” en el lenguaje propio del anarquismo, pero tiene mucho más alcance que éste. Es el ímpetu de derogación del presente y del pasado, que es la esencia funcional de toda revolución, en su sentido más profundo. La cultura liberal no ha sido la víctima, sino la gran responsable.

Aquel ímpetu se expresó en imágenes y palabras en las murallas de Santiago. Como mayo del 68, sintetizaron las intenciones de un solo golpe. Anoto algunas esenciales:

“Es necesario que todo explote del todo, para que todo nazca”

“Inventa las sílabas del nuevo ritmo”

“No tengamos miedo a la incertidumbre”

“No volveremos a la normalidad, porque la normalidad era el problema”

“Constitución o nada”

Estas frases, sin duda, dan para todo un análisis. Y nos inserta de lleno en el activo de las metas de la revolución en curso. El libro de Poduje sirve, sin duda, para analizar algunos de sus aspectos. Sobre los otros, la actual producción editorial presenta una deuda casi infinita.

Julio Alvear Téllez

Director Camerata Chile

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